martes, 22 de mayo de 2018

Porto-beanadas

Pues nos hemos animado a hacer mrsbeanadas por el mundo otra vez... Estuvimos unos años más "tranquilos" (¿?) en cuanto a viajes se refiere (ahhh....), por el tema de que lanzarnos a la carretera con pañales, papillas, carros y accesorios infinitos de bebés, además de los propios bean-bebés (que tienen lo suyo también... jejeje), pues nos daba un poco de respeto, pero... los muchachitos ya van para arriba, así que, nos hemos liado la manta a la cabeza y hemos tirado.

Mi mayorcete cumplía 9 añitos y no pidió regalo pero, últimamente nos decía mucho que él nunca había salido de España (ya ves qué "trauma", yo la primera vez que salí fué con el instituto en mi viaje de fin de curso a Italia, cuando me perdí en Florencia de Mrs Bean adolescente, ya os lo contaré...) pero, nos hizo gracia seguirle el rollito... El "extranjero" más cercano y accesible para llegar con el coche, hacer el ganso en la frontera y no gastar dinero ni mucho tiempo en el viaje es...claro está, Portugal!!

Así que aprovechamos el puente madrileño del 1-2 de mayo y nos fuimos para allá, destino Oporto (o Porto como se dice en portugués) que, como os contaré a continuación, es una ciudad de un tamaño normal para patearla con enanos, con toque friqui de Harry Potter, baratita para comer (y con muchas opciones vegetarianas, iujuiiiii!!) y, lo mejor para nosotros (que somos como salvajes) con playa muy grande para correr, mojarse los pies y coger muchísimas piedras y conchitas.

Los papás tampoco habíamos estado en Portugal nunca y ésto, sumado a lo que hacía que no cruzábamos una frontera, hizo que nos fuéramos los cuatro loquitos de ilusión.

Como de costumbre, cuando la familia Bean se va a ir a algún lugar, después de milenios sin hacerlo, el tiempo cambió drásticamente y empezó primero a llover y luego a nevar, mucho (en mayo...), cuando llevábamos escasamente una hora en el coche... El viaje de ida fue un poco rollete por este motivo, llovió todo el tiempo. Aunque, los paisajes abulenses y salmantinos valían tanto la pena que nos animaron en nuestra aventura.

Cruzar a Portugal en Fuentes de Oñoro, un pueblito que es mitad español y mitad portugués fue muy emocionante y todos gritamos cuando vimos por la ventana en cartel con las estrellitas de la Unión Europea rodeando el nombre del país (justo en ese momento, mi móvil decidió que no quería saber nada acerca del roaming, así que estuve incomunicada todo el tiempo en Portugal pero, mira, tiene su lado bueno, me hice un descanso digital). Leíamos por todas partes los carteles en otro idioma y nos reíamos si nos sonaba raro (ninguno tiene ni idea de portugués y yo sólo llevaba bien aprendido Onde é o banheiro?, por si las moscas, que ya se conoce una... jejeje).

En ningún momento aprendí a pedir un café descafeinado con leche de soja así que, he tomado todo tipo de cafés y ninguno coincidía con la descripción. Tampoco hubo suerte con la cerveza sin alcohol (o no la tenían o no me entendían)... Alguién me indicó que la pidiera "blanca" (que esas son las sin alcohol allí) y,... ese día conseguí una Guiness negrota, jejejeje (pero, no me quejo eh? que yo me tomo lo que me pongan...). Descubrimos la francesinha que es el plato típico, una especie de sandwich con interior cárnico (en plan hornazo) recubierto de salsa de queso y huevo frito.... Por suerte, también había versión vegetariana así que, pudimos probarlo!! Y las natas, unos hojaldres con crema riquísimos (en el resto de Portugal, se llaman Pasteis de Belem y, como nos hicimos adictos, en Madrid hemos encontrado una versión muy parecida en Lidl y Mercadona) con los que le hicimos una tarta improvisada a mi mayorzote. Eso sí, a lo mejor no nos entendíamos pero, da lo mismo, porque todos los "porteños" con los que nos cruzamos, nos han parecido amables a más no poder. Siempre intentan ayudar o indicarte como pueden.


Oporto es una ciudad preciosa. Se encuentra como en una montaña a cuyos pies está el río Duero (gigante, profundo y bien cuidado. En su desembocadura, cuesta distinguir río de océano). El casco histórico es muy bonito y está todo bastante cerca así que, se puede ver muy bien a pie o bien, en un autobús turístico que te lleva también a otros sitios más alejados (como la playa). Vale mucho la pena ver los puentes e incluso atravesarlos andando o en autobús (muy recomendable el Ponte de San Luis, de día y de noche, increíble).




La catedral de Porto con sus gaviotazas (a lo lechuza), las casitas casi británicas de la Rua Santa Catarina, la estación de Sao Bento, la Universidad (con sus universitarios/as vestidos con túnica a lo Slytherin), las cabinas de teléfono rojas al estilo londinense, el café Majestic y la libreria Lello te evocarán, casi sin darte cuenta, lo mismo que debió sentir J. K. Rowling cuando se inspiró en esta mágica ciudad para escribir sus Harry Potters. A los niños, y a los papás friquis, nos encantó esa sensación.

Una escapadita, muy corta pero, de esas que te calan y te abren la mirada un poco más.