miércoles, 14 de mayo de 2014

El tren de la luz

El certamen de relatos breves que anuncian en los cercanías me ha inspirado esta mañana, muy temprano y, aunque este relato no he podido presentarlo (porque tiene más de 99 palabras!!) me ha gustado, tanto imaginarlo como plasmarlo en letras así que, aquí queda de recuerdo (espero que os guste también)....



Como una viajera más. Una persona corriente de pie en el andén de la estación de Atocha. Nadie podía imaginar que mientras esperaba el tren que me devolvería a casa, los dedos de mis manos se habían colocado formando un mudra sagrado y antiguo y, mi mente dibujaba símbolos orientales y vagaba en parajes muy lejanos de aquel lugar en el tiempo y el espacio, que me invadían de claridad y me incitaban a la meditación. Me concentré como nunca antes lo había hecho, entre el sonido de los trenes yendo y viniendo, las conversaciones dispersas de los viajeros, y el rugido lejano del tráfico del centro de Madrid... 
Toda la buena intención, la energía positiva que fui capaz de reunir, los buenos sentimientos... se unieron y se elevaron como una nube de luz por encima de mi cabeza. Los dirigí mentalmente, despacio, cuidando cada movimiento para no perder ni un poco de su intensidad, hacia aquel tren con destino Barcelona, y, con un soplo de mis labios les insuflé el ánimo necesario para que entrasen en el vagón justo cuando se cerraban las puertas. Suspiré aliviada y en ese mismo momento llegó mi tren, destino Aluche, pero no me pude despedir de la luz, que ya viajaba hacia su destino en sentido contrario al mío. Por el contrario, sentí la obligación de acompañarla con mi imaginación y protegerla hasta que llegase donde debía y cumpliese con su misión.
La imaginé sobrevolando a los viajeros de aquel tren, confundiéndose con las motas de polvo bailando en los hilos de sol que entraban por las ventanas, mezclándose con el aroma del café y la bollería en el vagón de la cafetería... Uniendo las manos de una pareja confundida, abrazando al solitario, aliviando al cansado, sanando al dolorido, acunando al bebé,... Cambiando de color para mimetizarse con los distintos paisajes que se iban sucediendo...
Y ya en Barcelona... bajándose tímida del AVE, explorando el entorno, mezclándose con el calor y la humedad del aire, tornándose salada y volando, volando como una gaviota por la Barceloneta, hasta llegar a ella. Llegar a tiempo para, posarse en sus labios y, con su luminoso beso, llenarla de amor y hacerla sonreír una vez más.



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